Teoría de la Evolución del Hombre: ¿Religión o Ciencia?

Fue durante el siglo XIX que la humanidad atravesó un “eclipse de Dios” con la llegada de la era industrial y la revolución tecnológica que dejó al hombre preguntándose si estaban profanando la obra de Dios y serían castigados por ello, o si, de hecho, habían dejado atrás a su propio creador: El hombre que a fuerza de ingenio se convierte en su propia divinidad. Sin embargo, esto dejó un vacío en la humanidad, una gran incertidumbre ahí donde antes se encontraba el conocimiento del Padre; incertidumbre que vino a ser respondida por los académicos ingleses, particularmente Charles Darwin con su ingeniosa teoría de la evolución.

 

El nacimiento de la teoría de la evolución pudo proporcionar respuestas a las principales interrogantes dejadas por la ausencia de divinidad: ¿Porqué?, ¿Para qué?, y la respuesta a ambas preguntas era “evolución”. Esta teoría estuvo – en un principio – muy ligada al determinismo, del cual renegó posteriormente, remplazando cualquier forma de propósito superior o predeterminado por su propio potencial intrínseco que no deja cabida a cuestionamientos. La evolución no necesita ser explicada, se explica a si misma, y entrega un propósito progresista hecho a la medida para la sociedad de principios del siglo XX. La evolución se convirtió en Dios y el progreso en su hijo, y hasta el día de hoy – luego de que ciertos académicos predijeran que este postulado daría paso a la religión del futuro – los adeptos de la “religión evolucionista” harán lo que sea para defender el mito.

 

Fue la teoría del transformismo de Lamarck la que luchó por desplazar a la teoría de la evolución; esta planteaba que las especies mutan y se transforman por consecuencia del entorno y su necesidad de adaptarse a el, sin embargo el postulado tenía algunas fallas – como el porqué pueden existir diferentes variaciones de algunas especies en el mismo entorno – razón por la que este no sobrevivió y la idea fue posteriormente adoptada por Darwin e incorporada a su propio postulado.

 

La teoría de la evolución plantea que las especies evolucionan y cambian en el tiempo mediante selección natural y – habiendo adoptado la teoría del transformismo – postula que sobreviven los que son capaces de adaptarse de mejor manera al entorno y a los cambios de este. Desde el punto de vista de la genética, esto se explica y define mediante el cambio en la frecuencia de los alelos de una población a través de las generaciones, lo que se traduce en la acentuación o desaparición de ciertos rasgos y características de un pueblo debido a la influencia del entorno y a la necesidad de supervivencia, pues quién tiene las características necesarias para sobrevivir pasará sus genes a la siguiente generación, y quién no las tiene no lo hará. La evolución también se manifiesta genéticamente de forma aleatoria, por medio del mecanismo natural que asegura la variedad genética y la individualidad de las criaturas (por supuesto, esto es, viéndolo de forma muy superficial), el que utiliza estratégicamente el margen de error existente al momento de pasar el código genético del padre y de la madre al nuevo individuo causando mutaciones de magnitud y frecuencia aleatorios, mutaciones que a varios niveles tienen el potencial de causar la extinción de una especie o asegurar su perpetuidad en el futuro.

 

La evolución es una teoría conveniente y cómoda, que aunque encaja perfecta y lógicamente con las transformaciones de las especies, se encuentra en una situación completamente diferente cuando nos referimos a la evolución del hombre. El postulado oficial del origen del hombre propone que este es un primate cuya evolución lineal y ascendente puede ser rastreada hasta aquel tan controversial antepasado que supuestamente compartimos con los monos contemporáneos. Sin embargo la versión oficial de esta teoría se tuerce e intenta desesperadamente encajar los nuevos descubrimientos a su premisa, a pesar que estos sólo contribuyen a desmentir los postulados anteriores. Posterior a la separación de nuestra rama evolutiva y la de nuestros primos primates, aparecieron los australopithecus, supuestos antecesores de la rama Homo, sin embargo la rama australopithecus se divide en una enorme cantidad de subespecies, sumado a la especie kenyanthropus que existió al mismo tiempo, y a la falta de evidencia o incluso indicios que nos revele cual de estas especies (o si alguna de ellas lo hizo en absoluto) dio paso a la rama Homo; más aún, la especie paranthropus que en un inicio fue declarada como un descendiente de australopithecus, actualmente se cree que pudo simplemente ser una subespecie de esta última y, por lo tanto, un posible candidato como antecesor de la rama Homo.

El australopithecus supuestamente data de hace 2.5 millones de años aproximadamente y la teoría plantea que este evolucionó en el homo habilis y el homo rudolfensis (hace 2.5 a 1.8 millones de años), los que a su vez derivaron en el homo ergaster y este en el homo erectus … y es aquí donde la teoría llega al obstáculo verdaderamente insalvable. Desde este punto en adelante la teoría salta a la generación del homo Neanderthalis y el homo sapiens, los que – oficialmente – datan de hace 230.000 y 200.000 años respectivamente, y que se cree que evolucionaron del homo heildelbergensis y el homo Rhodesiensis, respectivamente. Sin embargo estas especies no pueden – actualmente – ser enlazadas al homo erectus, de hecho algunos académicos creen que todos estos homínidos podrían ser solo subespecies del homo erectus; y es con esto que se abre un abanico de incongruencias: primero el hecho más obvio; el corto período que proponen para el desarrollo de un salto evolutivo de la magnitud que fue la aparición del homo sapiens. Este salto evolutivo parte hace alrededor de 300.000 años durante el período conocido como paleolítico medio, donde comenzaron a surgir innovaciones tecnológicas, prácticamente de la nada, como si de pronto algo hubiese hecho clic en el cerebro de algún homínido y hubiera, simplemente – cual x-men, – dado el salto a la nueva era evolutiva. Y en segundo lugar está el detalle de que existen fósiles, tanto de homo erectus, como de homo ergaster, como de homo habilis, de hasta hace 1.8 millones de años; algo tan llamativo como que tú, tu padre y tu abuelo naciesen al mismo tiempo.

 

Diagrama evolutivo según los postulados tradicionales sobre el origen del hombre.

Diagrama evolutivo según los postulados tradicionales sobre el origen del hombre.

 

 

Los académicos defensores de esta teoría buscan el famoso eslabón perdido, que muy probablemente jamás encontrarán, y los devotos de la evolución defenderán esta teoría con uñas y dientes, pues para ellos es más que una teoría, es el nuevo Dios. Se trata de una fuerza superior que entrega propósito y explicación y que es el único refugio para quienes le dan la espalda a la religión tradicional. En la realidad, es posible que esta teoría esté en lo correcto, pero es más probable que no lo esté ya que la evidencia existente no la respalda. Inclusive, si lo pensamos, la explicación creacionista, por peregrina que pueda parecer tiene la misma posibilidad de estar en lo cierto; quizá no de la mano de un Dios todopoderoso sino – quizá – de una civilización realizando algún experimento usando como base alguna de las razas homínidas que poblaban la tierra en esa época. Podría tratarse de un experimento similar a la creación de una red neuronal (informática) donde se utilizan varias generaciones de individuos que se “entrenan” para lograr cierta respuesta esperada. Así mismo podría tratarse de un hecho espontáneo y recurrente; que se tratase de algo normal que la naturaleza apuntara a producir humanos cada vez que le fuera posible, lo más rápido posible, y que – bajo esta premisa – todas las demás especies de homínidos fuesen intentos fallidos y que esta no fuese la primera raza de humanos en evolucionar en este planeta.

 

El propósito de este artículo no es proponer alguna explicación de ciencia ficción para llenar los agujeros en la historia del origen del hombre, sino establecer que hay muchas incongruencias y muchas preguntas que actualmente no están siendo formuladas por los expertos y que es necesario desechar nuestras ruedas de entrenamiento y comenzar a observar con afán de aprendizaje y dispuestos a aceptar lo que vayamos a encontrar, ya que jamás podremos saber la verdad sobre las cosas que ignoramos sino únicamente hasta saberlas.

 

 

Escrito por Daniela Liberona L.

Daniela Liberona L.

Emdyp co-founder

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