Filosofía del Lenguaje

El lenguaje es, quizá, la herramienta más importante con la que cuenta el ser humano. Se trata de símbolos y sonidos usados para representar, comunicar, y registrar, tanto objetivamente el mundo que nos rodea, como nuestra percepción del mismo; movidos colectiva e individualmente por una necesidad primigenia de exteriorizar las realidades y percepciones internas; necesidad que se ve impulsada por el deseo de supervivencia, pues, un grupo que se comunica es un grupo organizado, capaz de desarrollar estrategia y por ende es un grupo más fuerte; pero también es impulsado por esa necesidad espiritual de volver a la unidad, donde si puedo lograr que, en alguna medida, otro vea a través de mis ojos, he logrado recuperar esa sensación de integridad por la que la mayoría de los humanos parecen verse nostálgicos.

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Dependiendo de donde miremos, encontraremos idiomas que han evolucionado por y para propósitos específicos. Ejemplos de esto idiomas como el latín o el griego, que fueron creados con un claro propósito comercial, para registrar y llevar cuentas; por el contrario de los idiomas Asiáticos como el Chino o el Japonés que fueron creados para expresar, de forma eficiente, ideas y conceptos abstractos. Pero lo que todos tienen en común es su incapacidad de capturar y comunicar la totalidad del significado, la naturaleza y la esencia de nuestro universo, cuyo entendimiento sobrepasa con creces la capacidad intelectual humana.

 

“Todos los esfuerzos de la mente humana no pueden agotar la esencia de una sola mosca.” … Es una frase célebre de Tomás de Aquino, que plasma muy bien esta situación, apelando al carácter fragmentario de nuestra propia percepción del conocimiento. Como humanos siempre estamos viendo una cara unidimensional de la realidad, quedando el resto de ellas y de paso la consciencia de la multidimensionalidad, escondidas tras las limitaciones de nuestro propio intelecto, y los diferentes idiomas son una prueba de eso. Por ejemplo la palabra “gracias” que etimológicamente proviene de la palabra “Gracia”. La “gracia” es un don personal o divino, y el acto de dar “gracias” implica ofrecer dones a la otra persona en reconocimiento por su bondad. Por otro lado la palabra “thanks” (equivalente en inglés de la palabra “gracias”) tiene su raíz en el Alemán “denken”, que significa “pensar”. Por lo tanto, mientras que la palabra en español se enfoca en retribuir el favor concedido, su contraparte anglosajona se dedica al reconocimiento mismo del favor y dice algo como: “te pienso, tengo en cuenta lo has hecho”. Una cara un poco más severa se ve en la palabra “obrigado” del idioma Portugués; esta palabra proviene etimológicamente del concepto “obligar” por lo que se enfoca en la deuda adquirida por el favor recibido y denota una conexión particular entre aquellas personas. Es por esto que el lenguaje en general actúa a modo de rompecabezas, donde cada idioma, como manifestación de cada pueblo y sus perspectivas de la vida, expresa una parte de cada cosa o concepto.

 

Entre los creyentes y practicantes de magia ritualista existe el concepto de algo llamado “egregor”. Un egregor es un objeto, idea, o concepto creado a partir del pensamiento colectivo de un grupo de personas y alimentado por el mismo. Bajo esta premisa, egregores serían cosas como el lenguaje, la fama, o inclusive Dios mismo, teniendo en cuenta que el mismo Tomás de Aquino buscaba comprender y dimensionar la totalidad de la palabra de Dios, y que de lograr crear – o acaso redescubrir – ese lenguaje que en su totalidad contiene, expresa y representa el universo; estaríamos, de alguna forma, redescubriendo el lenguaje original, aquel que no se diferencia del universo mismo.

 

 

 

Escrito por Daniela Liberona L.

Daniela Liberona L.

Emdyp co-founder

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