Heribert Illig

El misterioso “Tiempo Fantasma”

La historia suele tener un significado mucho más profundo, para el hombre, que una simple crónica; en vez de eso, se trata de aquel pasado que marca y condiciona – para bien o para mal – nuestro inconsciente colectivo. Son incontables las decisiones que se toman a raíz de cosas que han sucedido en el pasado, con el propósito tanto de evitarlas como de reproducirlas; y es que de alguna forma el “culto a la historia” es un obstáculo que nos impide mirar al futuro con ojos libres de prejuicio. Nosotros mismos usamos la historia como cadenas, pensando que todo lo que existe en este mundo ya se ha visto y que todo ya se ha hecho, cosa que entrega un infinito potencial para la manipulación de las masas a través de la manipulación de su propio pasado.

The Phantom Time” o “Tiempo Fantasma” en español, consiste en una teoría creada en los 80′ por el historiador alemán Heribert Illig, en la que plantea la posibilidad de que los siglos comprendidos entre los años 600 D.C y 900 D.C hayan sido – de alguna forma – plantados artificialmente, ya sea por descuido o de forma deliberada, y cuyo espacio cronológico haya sido “rellenado” ingenuamente con documentos y arquitectura mal datados, lo que para el consistía en una pieza de conspiración de tamaño colosal, y que de ser cierta implicaría la inexistencia de ciertos personajes y de hechos históricos de gran importancia, como el famoso Charlemagne, o la Edad Oscura. Todo eso además de tener que lidiar con repercusiones mas directas, como el simple hecho de encontrarnos en el año 1813 en vez del 2013.

Heribert Illig

Heribert Illig

La evidencia que Illig usa para apoyar su teoría es muy variada; partiendo de construcciones ubicadas en una época donde no deberían existir debido a su estilo de construcción y diseño de arquitectura, seguidas de una serie de documentos perdidos fuera de su tiempo; pues la mayoría de documentos utilizados a partir del siglo IX, fueron escritos – al menos – doscientos años antes, como si los gobernantes hubiesen podido averiguar que escritos serían requeridos en el futuro. Lo mismo sucede con los evangelios cristianos que – en su totalidad – fueron escritos al menos 150 años luego de la muerte de Cristo. También tenemos el ejemplo de Charlemagne, de quién Illig piensa que se trató de un personaje ficticio debido a lo irreal de su historia, la que se encuentra en medio de un periodo oscuro y aparece en la crónica como un rayo luminoso que llega y se va sin producir ningún cambio duradero en su entorno. Charlemagne realizó campañas que le tomarían a un hombre una vida y media en completar, y sin embargo tuvo tiempo y concentración para pasar leyes y – a pesar de ser iletrado – ocuparse de la cultura y la educación.

Quizá, el argumento más importante de la teoría del tiempo fantasma, yace en calendario Juliano. Este constaba de 365 días, con 6 horas, mientras que el año astronómico cuenta con 365 días, con 5 horas, 48 minutos y 46 segundos. La diferencia entre uno y otro es de 674 segundos al año, y dado que 1 día cuenta con 86.400 segundos, en 128,2 años se acumularía un día de diferencia entre el calendario Juliano y el año astronómico. Fue en el año 1582 D.C. luego de la caída del imperio romano, que se cambió el calendario Juliano por el calendario Gregoriano y se realizó un ajuste de 10 días en el calendario para correlacionarlo con el año astronómico. Basándose en esto y usando los datos dados; la diferencia entre el calendario Juliano y el año astronómico, el año en que se realizó el ajuste y la cantidad de días en que se ajsutó, Illig calculó el año de implementación del calendario Juliano en el 1282 D.C., y sin embargo el año real de implementación fue el año 45 A.C, lo que deja 300 años sin lugar en la historia, y sin evidencia ninguna de haber existido.

Illig culpa de este fraude cronológico a una colusión entre Otto III, Silvester II y Constantine VII, pues asegura que existió una corta ventana de 100 años aproximadamente en la que estos tres pudieron cooperar para estos fines y en la cual – en un hecho sin precedentes – todos parecieron renovar el calendario prácticamente al mismo tiempo. La explicación de Illig es que Otto III alteró la fecha del calendario para adelantar – así – el nacimiento de Cristo en 200 años. La razón de esto yace en la profecía cristiana que aseguraba que el mundo duraría 7000 años, un milenio en representación de cada día que usó Dios para crear el mundo, y que el último milenio sería el día de Cristo, seguido del Apocalipsis. Este evento (el inicio del séptimo milenio) coincidiría cronológicamente 200 años luego del reinado de Otto III, por lo que este habría movido la fecha del nacimiento de Cristo para que la fecha de su coronación coincidiera con el inicio del séptimo milenio y este fuera reconocido como el representante de Cristo en la tierra. Sin embargo el pueblo judío cuenta la creación desde el año 3761 A.C., por lo cual, actualmente cursamos el año 5774 desde la creación; además de eso Illig plantea que Otto III visitó a Charlemagne en su tumba para recuperar un símbolo que le ayudaría a ser reconocido como representante de Cristo, pero al mismo tiempo plantea que Charlemagne jamás existió.

Como estos, existen muchas incongruencias dentro de la teoría de Illig, por lo que puedo llegar a la conclusión de que es una teoría errada; cosa que de ninguna forma borra las lagunas e incoherencias con esos tres siglos que parecen no encajar en ningún sitio. Illig puede haber llegado a las respuestas erróneas – aunque quizá no esté tan alejado de la realidad – sin embargo ha hecho las preguntas correctas, demostrando – al mismo tiempo – que incluso las cosas que creemos saber y que creemos grabadas en piedra, pueden estar equivocadas, o ser un engaño, y que nuestra posición privilegiada en la línea cronológica como pioneros del nuevo milenio podría no ser más que nuestro propio delirio de grandeza.

 

Escrito por Daniela Liberona L.

Daniela Liberona L.

Emdyp co-founder

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